
(...) yo justificaba mis propias cabronadas adjudicándolas al espíritu libertario que me había llegado por sangre...
Yo llamaba libertario a lo meramente autoritario. Yo seguía creyendo que toda temperancia era, en el fondo, falta de temperamento.
Yo seguía neciamente convencido de que un cambio de opinión era una concesión y que madurar era, en el fondo, traicionarse.
Así lidiaba con las cosas. Así me salían.
Juan Forn, María Domecq
No hay comentarios:
Publicar un comentario