27 de diciembre de 2007


(...) yo justificaba mis propias cabronadas adjudicándolas al espíritu libertario que me había llegado por sangre...

Yo llamaba libertario a lo meramente autoritario. Yo seguía creyendo que toda temperancia era, en el fondo, falta de temperamento.

Yo seguía neciamente convencido de que un cambio de opinión era una concesión y que madurar era, en el fondo, traicionarse.

Así lidiaba con las cosas. Así me salían.

Juan Forn, María Domecq

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