
Si lo que querés es la luna, no hay problema, él se ocupa. En el fondo le va a resultar un alivio; había pensado que podías pedirle algo complicado. Pero si es la luna, la luna y nada más, seguro que se las ingeniará para bajarla.
Con el tiempo va a ir adivinando qué querés, va a estar atento para que nunca te falte nada. Incluso mucho antes de que puedas llegar a darte cuenta. Si necesitás algo, lo que sea, no dejes de pedirlo. Es un caballero, un galán, un hombre enamorado.
Eso sí, para darte los gustos tiene que saber todo de vos, absolutamente todo. De dónde venís, a dónde vas, con quién, cuándo y por qué. Si va a ser tu esclavo, lo será como es debido: un esclavo profesional. Y para servirte bien necesita averiguar hasta el menor de tus agrados. No es para controlarte, es para hacerse una idea de lo que te conviene.
Lo que llama la atención es que a pesar de todo lo que hace, vos estés tan triste. Como si la única manera de festejarlo fuera con un trago hecho con pastillas para la depresión.
El amable experto es un excesivo que deja a su presa sin el menor deseo de nada. Ese es su objetivo. Al final angustia y da culpa, ¿cómo se hace para recriminarle a alguien por ser tan atento? Una encerrona en la que no es el amor lo que está en juego. Lo que está en juego, con tanta amabilidad es otra historia, una que incluye el dominio.
(Si al elegir una película, el sitio a dónde ir a comer o la compañía, decimos siempre “lo que vos quieras” es porque adoptamos una posición: la de estar siempre ofrecidos. Y el que está siempre ofrecido podrá ser buena gente pero nunca es muy atractivo.)
Cuando alguien se ocupa de cumplir con todos tus sueños, por lo general, te quita las ganas de dormir.
Ricardo Coler, La mujer de mi vida
Conclusión: no hay que ser divinas, hay que ser brujas...