Y a esta chica, a principios de los 80, se le ocurre estudiar Filosofía. Terminaba la dictadura, la democracia daba para comer, curar, vestirse y volver a creer un rato. Y las facultades volvían a llenarse de profesores. Y otra vez el marxismo: a leer lenin, mao, marx, engels.
Y esta chica va a visitar a su tío, un héroe de su infancia, ex-policía. Y descubre en su biblioteca todos los libros inhallables que le pedían en la facultad: lenin, mao, engels, marx.
Y se los pide, y los usa. Y los lee.
Y descubre las dedicatorias.
Y descubre a quiénes habían pertenecido esos libros. Eran los libros del saqueo, robados de las casas de militantes secuestrados, estudiantes desaparecidos. Su tío los había robado. Y recuerda su frase "Hay que leer al enemigo para conocerlo".
Está estudiando con los libros que les robaron a ellos. Se los robó él.
Y siente el horror y siente vergüenza.
Y por eso, calla.
El verdadero horror.
28 de noviembre de 2007
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